Me pasa que a menudo quiero escribir en mi diario (sí, tengo un "diario de vida" físico) y no puedo encontrar el momento. Ya no sé si es excusa, tampoco es que me obligue a escribir como algún tipo de desafío o mandato de esos que se hacen en año nuevo ("Este año voy a escribir todos los días", sí, la verdad es que me lo propongo, pero nunca lo cumplo), el tema es que quizás ya no tengo las mismas ganas que tenía antes. No me pasan cosas, mi vida se ha vuelto aburrida con la cuarentena y con el hecho de que casi no tengo amigos. Supongo que para que a uno le pasen cosas, se debiera tener algún tipo de vida social. La mía era inexistente incluso antes de la pandemia. Las únicas personas con las que hablaba además de mi familia eran algunos compañeros del trabajo (del antiguo trabajo). Y en fin. No me pasan cosas.
Al menos, no son cosas relevantes, que considere una buena historia. De esas que te marcan en la vida, o te hacen pensar, y que por ello corresponde recordarlas, a veces con lujo de detalles, porque quieres volver a experimentar cuando reíste, o lloraste, o sentiste vergüenza, o qué te enfadó tanto que hasta el papel sufre mientras lo escribes.
No me pasan cosas, o quizás no tantas cosas. En realidad, la vida sigue pasando. Mi vida es más rutinaria, pero me he acostumbrado a sobrellevarlo. La próxima semana saldremos de cuarentena (¿quizás para volver en un par de meses?), podré salir al menos a estirar las piernas. Me hace falta caminar sin tener que ir obligada a comprar y a hacer filas con ese estrés de que nadie se te debe acercar, y que hay que hacerlo todo rápido, con cuidado, y sin tocarse la cara, por favor. Asimismo me hace falta que vuelvan esas ganas de escribir, no porque sí, sino por querer hacerlo. Para plasmar en papel algo importante, que valga la pena leer después.
_
Créditos de la Imagen: Kelly Sikkema en Unsplash

No hay comentarios:
Publicar un comentario